por Pablo Marchetti

Si pensamos en música electrónica, seguramente pensemos en fiestas, en drogas de diseño, en un montón de gente bailando mientras un DJ mueve unas perillas, en músicos que se dicen músicos pero que no tocan ningún instrumento. Y probablemente se nos venga a la cabeza aquella vez en la que Pappo le dijo a DJ Deró: “Buscate un trabajo digno”.
En el imaginario de la música electrónica sería difícil incluir alguna idea política de izquierda. Mucho menos vincular a ese tipo de sonoridad con el comunismo. Sin embargo, la música electrónica fue inventada en la Unión Soviética. Y uno de sus principales impulsores fue Vladimir Ilich Ulianov. O sea, Lenin.
León Theremin fue un músico y físico nacido en San Petersburgo (que luego sería Leningrado y hoy nuevamente es San Petersburgo) en 1896. Era hijo de una familia acomodada. De chico se interesó por la música y por las ciencias. De modo que lo enviaron a estudiar ambas cosas.
En 1916 se graduó en el Conservatorio de San Petersburgo en la carrera de violoncello. Y un año después, el año de la revolución, se graduó en la Universidad en la carrera de Física y Matemáticas. Inmediatamente empezó a trabajar en el área técnica de la estación de radio más importante de Rusia.
En 1920 Theremin estaba trabajando en el desarrollo de un sistema de alarmas inalámbrico. Fue así que descubrió que podía hacer sonar unas ondas y administrar los sonidos acercando o alejando sus manos de una antena, sin necesidad de tocarla.
Theremin creó así el primer instrumento musical electrónico, el primero que para su ejecución no hacía falta tocar. Algo que en inglés o en francés, por ejemplo, es fácil de explicar, pues ejecutar un instrumento se dice play o jouer. O sea jugar. Pero que en castellano nos enfrentamos a la siguiente paradoja: para tocarlo no hace falta tocarlo.
Theremin presentó su nuevo invento a sus colegas de la Facultad de Mecánica. Y tuvo tanto impacto que pronto fue invitado a presentarlo en distintas universidades de la recién nacida Unión Soviética. El instrumento fue presentado como ETERÓFONO, pero años después iba a tomar como denominación el apellido de su creador THEREMIN.
En marzo de 1922, después de obtener varias críticas positivas en algunas conferencias de electrónica en Moscú, Theremin le presentó su instrumento a Lenin, presidente de la Unión Soviética. Lenin quedó impresionado por el instrumento musical. Tanto que le pidió a Theremin que le diera clases, se puso a estudiarlo y llegó a ejecutarlo. Porque, como saben, el Theremin no se toca.
Lenin creía que el instrumento era ideal para mostrarle al mundo los progresos tecnológicos soviéticos. Y, de paso, para mostrar también que la vanguardia tecnológica venía de la mano de la modernidad musical y estética. Fue así que, mucho antes que los DJ actuales, mucho antes que las raves, Lenin decidió apostar por la música electrónica.
Lenin ordenó la fabricación de 600 instrumentos para su distribución en todo el país y envió a Theremin a un viaje alrededor del mundo para demostrar de qué se trataba la vanguardia de la última tecnología soviética.
Mucho antes de la nueva trova cubana y otros intentos por difundir los logros de una revolución en forma de canciones, Lenin apostó por la electrónica. Su lema bien podría haber sido: “DJ de todos los países del mundo, ¡uníos!” La vanguardia era así.
En sus encuentros, Lenin intentó convencer al científico de que se sumara al Partido Comunista. Theremin se negó, con el siguiente argumento: “Me sumaría al partido si el comunismo estuviera prohibido”.
Apoyado por Lenin, Theremin partió de la Unión Soviética y realizó una extensa gira por Europa y los Estados Unidos, donde dio varios conciertos tocando su instrumento junto a distintas orquestas. Estaba en Nueva York cuando se enteró de la muerte de Lenin y, al ver que su futuro en su país era incierto, se quedó en tierra norteamericana.
En Estados Unidos, Theremin era una celebridad. Se lo recibió como un gran científico y se equiparó la invención de theremin con la de la radio. Pronto atrajo la atención de la Radio Corporation of America (RCA), quien le propuso la compra de sus derechos por la cifra de 100.000 dólares de entonces con el propósito de fabricarlo. León Theremin aceptó la oferta el 12 de marzo de 1929 y la RCA se convirtió en el primer productor masivo de un instrumento electrónico.
En la RCA creían que el instrumento remplazaría al piano de media cola, muy común por entonces en las casas. Y que popularizaría la afición de la gente por hacer música, ya que pensaba que “cualquiera que pueda mover sus manos en el aire o silbar una melodía podrá hacer música con él en su casa”. En septiembre salieron a la venta las primeras unidades a un precio de 220 dólares. La crisis de octubre de 1929 forzó el cese de la producción.
Además de un gran científico, León Theremin era un tipo que sabía moverse muy bien políticamente y en los negocios. Mantenía una relación privilegiada con el personal técnico de firmas como RCA, GE, Westinghouse, compañías aéreas y más, con los que compartía sus últimos descubrimientos y avances. Por otra parte, fundó y dirigió sus propias compañías, manteniendo una relación directa con Amtorg, la corporación comercial soviética en Estados Unidos.
Mientras tanto, continuó con el desarrollo del Theremin. En 1928 tocó junto a la Filarmónica de Nueva York y aprovechó ese momento para afrancesar su nombre y llamarse León Theremin, como se lo conoce, a él y a su instrumento. Hasta ese momento su nombre en ruso era Lev Termen.
En 1930 diez thereministas actuaron en el escenario del Carneggie Hall, en Nueva York. Dos años más tarde, Léon dirigió la primera y única orquesta electrónica, con el theremín y otros instrumentos electrónicos, incluyendo un theremín llamado “Fingerboard”, cuyo uso era parecido al de un cello.
En esos años conoció a Clara Rockmore, una joven lituana que se convertiría en la máxima intérprete del theremin en la historia. En 1934, León construyó un Theremin especialmente para ella. Paralelamente, desarrolló otros inventos y otros instrumentos musicales electrónicos, como el Rhythmicon, encargado por el compositor estadounidense Henry Cowell.
Theremin tenía mucho éxito en Nueva York pero, si bien aún no había estallado la Guerra Fría, aquella no era una buena época para la presencia de un científico soviético en los Estados Unidos. Y menos para alguien que seguía manteniendo vínculo con los soviéticos. Por esto, Theremin fue acusado varias veces de espionaje. Fue así que en 1938 decidió regresar a la Unión Soviética.
Bueno, lo de “decidió” es un decir. En realidad, Theremin fue obligado a volver por los servicios secretos de Stalin y hasta hay quienes creen que se trató directamente de un secuestro. A su vuelta fue encarcelado, acusado de traición a la patria. Igual que en Estados Unidos, en la Unión Soviética también creían que era un espía.
Pronto lo condenaron a trabajos forzosos en un gulag, una mina de oro en Siberia, y circuló el rumor de que había muerto. En realidad, lo de la mina y la muerte fue una pantalla para tapar el verdadero objetivo: Theremin fue puesto a trabajar en el laboratorio secreto del gulag junto a otros científicos conocidos.
Durante su estancia en el gulag se dedicó a la investigación radioeléctrica, desarrollando dispositivos de escucha para usar en espionaje. Su mayor invento fue el ENDOVIBRADOR, un dispositivo de escucha que no requería de ninguna fuente de energía y podía transmitir las ondas sonoras a la manera de un espejo que reflejaba la luz.
El ENDOVIBRADOR fue creado en 1942 y fue utilizado por primera vez en 1945, cuando los soviéticos lograron introducirlo en la embajada de los Estados Unidos en Moscú. El aparato estuvo allí durante 7 años y pasaron 4 embajadores y varias remodelaciones sin que nadie lo descubriera
El aparato estaba instalado en el gran escudo estadounidense tallado en madera que había en la embajada. Cuando los norteamericanos lo descubrieron no sabían de qué se trataba, de modo que lo llamaron LA COSA, que es como se popularizó el ENDOVIBRADOR en Occidente. Tras 18 meses de investigación, el científico británico Peter Wright logró descubrir para qué servía.
Theremin también creó el BURAN, un sistema de escuchas a distancia, que le valió el Premio Stalin en primer grado en 1947, año en el que fue puesto en libertad. Luego de eso, continuaría trabajando para los servicios secretos soviéticos hasta 1966.
Luego volvió a ejercer como profesor de física en la Universidad de Moscú y siguió desarrollando el instrumento que tenía como nombre su apellido. En los años 80 se puso en contacto con varios músicos occidentales, generalmente ligados al rock experimental, a la música electroacústica o a las vanguardias, que estaban usando el Theremin y consideraban a León una leyenda.
En 1991 se disolvió la Unión Soviética y Boris Yeltsin prohibió al Partido Comunista. Entonces León Theremin decidió cumplir con lo que le había prometido a Lenin casi 70 años antes y, a sus 95 años, decidió ingresar en el Partido Comunista de Rusia. Dos años después, Theremin murió en Moscú.
Hoy que seguimos en pandemia, hoy que vivimos en la era de la distancia social, hoy que debemos andar con las caras tapadas, es bueno recordar que existe un instrumento que no hace falta tocar para tocarse.
Hoy que no tenemos problemas en entregar nuestros datos a cambio de una supuesta interconexión, de compartir toda nuestra vida íntima, de renunciar absolutamente a todo y pagar por los dispositivos y las conexiones que nos denuncian, es bueno recordar que hubo una época en la que el espionaje requería de valor y privacidad.
Hoy que creemos que todos estos dispositivos tecnológicos son la prueba más contundente del triunfo global y pandémico del capitalismo, es bueno recordar que la música electrónica es un invento comunista. Que nació en la Unión Soviética y que fue promovida por Lenin.
Theremin se mira y no se toca.



